GOBERNANTES Y GOBERNADOS: LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y EL ESTADO EN EL PERU

Manuel Abraham Paz y Miño C., Director de la Revista Peruana de Filosofía Aplicada

Conformismo, indiferencia, compromiso social y participación política

Los problemas morales fundamentalmente, como es obvio, aparecen como un producto de nuestra convivencia social, esto es, de la relación con nuestro prójimo. En ciudades o países como los nuestros -pertenecientes al Hemisferio Sur atrasado y subdesarrollado- son notorias la ignorancia, analfabetismo y semianalfabetismo, la falta de viviendas y/o de servicios básicos -luz, agua, etc.-, la suciedad, la pobreza, la injusticia social, las altas tasas de prostitución, de delincuencia juvenil y adulta, de mortalidad infantil, de desempleo y subempleo, de explotación (obreos y empleados mal pagados o con pagos de "muerte"), etc. (Inclusive tal será la política económica, la recesión y los bajos sueldos y salarios que muchísima gente -niños, jóvenes y ancianos- sale a las calles o sube a los transportes públicos para vender cualquier cosa -practicamente mendigando o suplican-do- para así tener que comer. Y claro está, hay todo un gran grupo de personas "capaces" que se aprovechan de la buena fe y sentimientos de los demás para ganarse la vida).

Se suscita así la cuestión de nuestra participación en la sociedad como agentes de cambio o no. Si solamente nos interesa "salvar nuestro pellejo" entonces no nos interesarán más que nuestros intereses y motivacio-nes egoístas o personales, de esa manera podremos "surgir" cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Pero si tenemos cierta sensibilidad social, por nuestro prójimo podemos actuar en distintos niveles: uno primario, donde podemos dar nuestra simple opinión y alguna participación (sea en familia, comunidad, círculo de amigos y simplemente en el tránsito público); el otro de índole macrosocial donde podemos organizar un grupo activo (partido político), con una ideología con programa, metas y lineamientos, participar formalmente en las variadas campañas y en los diversos comicios electorales locales y nacionales (política profesional), y hasta -de ganar- tener responsabilidad sobre muchas otras gentes y sus destinos. (Claro está que tradicionalmente, en las últimas décadas en muchos países del Tercer Mundo y América Latina, se sucitaron intentos violentistas desesperados e ilusorios ante los gravísimos problemas que todavía persisten. Es momento, en esta época "globalizante", científico-tecnológica, cibernética y satelital, de replantear las estrategias y métodos de acción político-social. El asunto no es adecuar la naturaleza humana individual y social a a las utopías ideológicas sino que seamos capaces de definirla, en primer lugar, lo más precisamente posible para así plantear programas socio-políticos de avanzada y no meros intentos o logros que al final empeoran las cosas).

A nivel primario las oportunidades de participación dentro de la familia es algo que se dan todos los días: siempre se necesita algo que comprar, reparar o hacer. O alguno de nuestros parientes necesita algún consejo o sugerencia o defecto que enmendar o enfermedad que curar. A veces hay que tomar ciertas decisiones que involucran a todos los miembros de la familia y entonces es bueno dialogar y votar democráticamente por esta o aquella otra alternativa. Algo similar puede suceder en el vecindario donde vivimos. Su condición socio-económica determinará el tipo de participación vecinal. Mientras más opulenta sea menos problemas tendrá de carencia de servicios básicos, pero seáse gente pobre o rica se pueden presentar problemas comunes como la delincuencia pero con distintas soluciones: la gente adinerada mandará hacer cercos eléctricos sobre sus paredes o contratará guardias, en cambio la pobre intentará imponer justicia por su propia mano.

Pasemos ahora al nivel macrosocial. Muchas veces hemos oído decir: "¡Qué mal está el gobierno!", "El Presidente -o el Ministro- debió haber hecho esto o aquello...", "¡Es un ladrón, un títere...!" Entonces al juzgar tan duramente y dar una fácil opinión y/o alternativa surge la pregunta: "¿Lo habrías hecho mejor?, ¿qué hubieras hecho?". "Tal vez esto o aquello" sería la respuesta (para reclamar que otros sean honrados nosotros tenemos que serlo), pero nada de lo que dices será hecho pues no tienes el poder, el real poder. Y para esto se tiene que participar en la política. Si creemos que nuestras ideas valen la pena, que pueden ayudar a nuestra nación, a nuestros compatriotas entonces ¿por qué no tratar de llevarlas a cabo? Muchos dirán: "No tengo tiempo para eso", "la política es sucia", hay que sujetarse a grandes intereses"..."¿Y si creen que soy un subversivo?...¡No quiero tener problemas, ser encarcelado o peor aún muerto!..."Los grandes ideales son mera fantasía...Siempre habrá ricos y pobres, explotadores y explotados, unos que nacieron para mandar y otros para obedecer." ¡Ah, claro! El asunto no es nada fácil, pero siempre hay algún comienzo, especialmente para los idealistas (morales y sociales).

No seremos "grandes" personas, gente famosa o adinerada pero si deseamos que las cosas cambien es suficiente empezar con querer, con nuestra voluntad. Así se empieza, la voluntad por hacer cosas es poderosa, puede vencer a la cobardía y el egoísmo. Podemos y debemos comenzar con denunciar las injusticias en el hogar y el trabajo (mejor si lo hacemos con otros), con escribir cartas a los diarios y revis-tas -e incluso a nuestros representantes políticos en el Parla-mento- sobre un problema citadino o nacional particular. Además podemos agruparnos con gente de ideas similares a las nuestras y así formar una asociación civil en pro de esto o aquello -derechos civiles, de los animales, ecológicos, asistencia de necesi-tados, etc.- publicitando manifiestos o comunicados como también realizando marchas pacíficas para llamar la atención pública y gubernamental. Y, naturalmente, podemos también agruparnos para fundar un partido político, tener entre sus integrantes a ideólogos que plasmen en el papel el programa o ideario político a presentar y seguir, obtener fondos (hay mil y un maneras legales y positivas de hacerlo) para propagandizar las ideas partidarias para que así mayor gente las conozca y, eventualmente, alguna de cierta solvencia económica que pueda apoyar a la agrupación. Si no participamos de ninguna forma en política entonces no nos quejemos luego, no critiquemos más tarde a los que si se atrevieron a hacerlo -ya sea por arribismo, oportunismo, egoísmo, codicia y ambición o simplemente por interés social-. Seremos sus meros cómplices o colaborado-res pasivos en la toma del poder y en cómo manejen el destino y el rumbo de la patria y de sus habitantes.

Pero algo que también tenemos que tener muy bien en cuenta es que así como el orden internacional imperante favorece más que nunca la explotación del hombre por el hombre, de ciertos países en detrimento de otros, de forma semejante ese orden, llegada las circunstancias correspondientes, podría empezar a declinar en forma efectiva y paulatina -o súbita- justamente a nivel del Hemisferio Norte de donde procede el acentuado capitalismo liberal. Y cual juego de dominó tal cambio se extendería por todo el mundo. Pues justamente su riqueza es debida a la explotación de los países del Hemisferio Sur, su situación desfavorable de opresión cesaría. Recordemos que nada es eterno "ni hay mal que dure cien años" por más que se piense y diga que siempre habrá gente ambiciosa y codiciosa y otra que no lo sea así como que siempre habrá quienes destaquen y quienes no. Las sociedades, culturas y civilizaciones son como los organismos vivientes: aparecen, se desarrollan y fenecen. Tal vez algún día se de una mejor y más humanitaria distribución de la riqueza, no sean más necesarios las armas de guerra, el dinero ni los bancos ni exista la propiedad privada. Mucho depende de nosotros, de nuestros sueños, ideales y esfuerzos el poner los cimientos para tales logros, para la aparición de una nueva civilización y valores humanos que supla la agónica occidental. A estas alturas del conocimiento y de la evolución social de la humanidad los problemas de ésta demandan soluciones globales.

Gobiernos pre-democráticos

Durante el desarrollo histórico del hombre –tanto en Occidente como en Oriente-aparecieron diversas formas de ordenamiento social y por lo tanto gubernamental. Algunos obtuvieron un poder absoluto o casi absoluto con respecto a los demás. Por ejemplo, en los clanes o tribus primitivas el jefe o rey –que podía estar acompañado de un brujo o sacerdote o incluso ser ‘el mismo tal-, era considerado un hijo o privilegiado de los dioses, así sus caprichos y designios eran irrevocables. De esa forma era merecedor de toda clase de privilegios y obediencia. Se dieron así las monarquías absolutistas. Posteriormente, los reyes perdieron su origen divino y poder absoluto aunque siguieron siendo merecedores de ciertos privilegios y se volvieron símbolos de sus respectivas naciones. Reinaban pero no gobernaban, los que realmente lo hacían fueron ciertos hombres que representaban a las clases sociales dominantes. Luego las muchas monarquías fueron abolidas dando paso a la nuevas repúblicas democráticas donde supuestamente debían gobernar los representantes de las mayorías populares elegidos a través del sufragio. O en el peor de los casos algunos se presentaban como los "salvadores de la nación" o "guías del pueblo" y derrocaban a reyes, parlamentos y presidentes obteniendo, a su vez, un poder totalitario y dictatorial a punta de fusil y cañones.

Democracia electoral, formal y relativa

Idealmente se piensa que la mejor y más completa forma de gobierno es la democracia donde supuestamente las mayorías resultarán beneficiadas. Pero como muchas cosas más concebidas como los logros más desarrollados y acabados por el hombre la democracia formal, representativa y electoral ha sufrido un desgaste e involución, convirtiéndose en un medio para que los apoyados por los grupos reales y de facto de poder político y económico tomen las riendas del destino del pueblo. Este no puede decidir directamente si tal o cual medida gubernamental está bien o no. Sólo en países con añeja tradición democrática puede permitirse y se da la protesta popular, que el pueblo sea escuchado o que renuncien los malos gobernantes por voluntad propia, de manera decente y alturada sin necesidad de ningún golpe de estado. Y claro, donde la costumbre es el predominio de la opresión, la sumisión y la represión de la libertad de expresión y de participación ciudadana difícilmente los malos gobernantes o abusivos -los dictadores- serán retirados del poder y las protestas y reclamos ciudadanos serán poco escuchados o peor, serán reprimidos Podemos hablar de participación democrática a nivel general o macro donde los ciudadanos pueden participar de las decisiones más importantes concernientes al país en general, esto es, a todos o la mayoría de los habitantes, por ejemplo, decidir o discutir de alguna forma en las decisiones legales o económicas más trascendentales (como la compra de aviones de combate, reformas educativas, etc.) También podemos hablar de una democracia a nivel particular o micro donde los ciudadanos puedan ser consultados y así participar en la toma de decisiones locales, sea a través del gobierno municipal o regional. Una participación democrática real y efectiva concierne a todos, o en todo caso a la mayoría de ciudadanos de un país, debe comenzar en la propia localidad, provincia, departamento y región. Entonces, por un lado, tenemos que el poder puede ser usufructuado en beneficio propio, personal o grupal o, por el otro, puede ser compartido y si no todos, muchos pueden participar de él.

Características de una verdadera democracia

El asunto es algo complejo. Como acabamos de decir, la participación democrática es una tradición, una costumbre, pero también se puede promover a través de la educación para que las generaciones venideras crezcan y se desarrollen en un ambiente propicio para la expresión, el intercambio de ideas y experiencias así como el debate. Otra forma más inmediata sería la del favorecimiento de la participación ciudadana en la toma de decisiones a través de las encuestas, las cartas convencionales y electrónicas, los programas radiales y televisivos, las llamadas telefónicas, cabildos abiertos, etc. Llamemos a esto democracia de opinión. En una democracia de participación plena todos los ciudadanos potencialmente no sólo deberán opinar y manifestar sus opiniones sino que también deberán participar de una forma u otra del poder real en cualesquiera de sus niveles –local, regional, nacional- sea en cualquier momento de sus vidas y de manera obligatoria (Así como es merecedor de multa quien no desea participar en el sufragio político). El poder debe rotar, no quedar en manos de unos cuantos o por mucho tiempo. Todos tenemos ciertos conocimientos, unos más sofisticados que otros así como todo un bagaje de experiencias. Hay muchas cosas por hacer en el plano de la limpieza y el ornato públicos, en la generación de empleo, en salud, en educación, en el de la administración de justicia, etc., etc.

Democracia económica.

Y, por supuesto, tienen que darse los mecanismos legales para sustentar todo lo anterior y tienen que favorecerse con ciertas medidas económicas que estimulen la participación democrática de las mayorías de las riquezas del país. Llamemos a esto democracia económica. De hecho, la democracia tiene que darse a nivel material y no sólo con bonitas palabras, tiene que buscarse una mejor distribución de la riqueza nacional. Y esto no significa quitarle a los ricos para dárselo a los pobres sino que el capital ganado sea reinvertido en el país (incluso so pena de multa o condena). Nuestro país necesita urgentemente capital que genere puestos de trabajo. Además está el asunto de la deuda externa que debe ser renegociada para que no siga afectando a los trabajadores estatales que perciben sueldos miserables en la mayoría de los casos. Si sólo una minoría está bien –pero muy bien!- y las mayorías no tienen trabajo, una mínima educación para la vida, acceso a los sistemas de salud o a una alimentación y vivienda dignas o humanas difícilmente podemos hablar de una democracia real y efectiva. Una verdadera y funcional democracia permitirá un mejor desarrollo de las capacidades físicas, creativas e intelectuales humanas lo que redundará en beneficio del país, en su pacificación y mejora. En un país con relativo desarrollo económico y material la seguridad ciudadana no será más preocupación al disminuir los índices de delincuencia, juvenil y adulta. Semejantemente, la gente no será frustrada ni se violentará al tener mayor capacidad económica y por lo tanto niveles de vida aceptables que no permitan la miseria o subhumanidad. De igual modo, en un país donde los capitales ganados legítimamente son reinvertidos en el país, la generación de puestos de trabajo mermará la actividad delincuencial y el número de delincuentes y, claro está el de inmigrantes a otras latitudes.

Democracia educativa

En un país como el nuestro es indispensable erradicar el analfabetismo y promocionar una educación acorde con la realidad nativa o regional, es decir en la lengua cultural predominante o bilingüe y según las necesidades. Esta sería una educación democrática, realista y humana. Cada grupo cultural que conforma y habita el Perú tiene sus propias costumbres, valores, creencias y muchas veces un idioma autóctono. No sería justo promover una enseñanza distinta a la realidad del educador y del educando.

Democracia política

Por otro lado, la descentralización del poder político y económico es fundamental para una mayor y eficaz democracia. Los gobiernos locales y regionales merecen controlar y manejar lo que perciben directamente de sus respectivos gobernados o ciudadanos. De esa forma, más gente tendrá mayores responsabilidades y no ‘unicamente el gobierno central, los electores podrán ser mejor escuchados y sus problemas podrán ser menos lentamente resueltos. Mientras más centralizado esté el gobierno y sus ‘organos de control, el burocratismo y el autoritarismo se desarrollarán más. Esta sería la democracia política real de participación plena.

Democracia legal y judicial

No es el cambio de Constitución o el edicto de leyes humanistas y buenas lo que mejorará nues-tras vidas. Es el respeto a ellas, su cumplimiento y sanción lo que hará progresar a nuestro país. ¿De qué sirven las leyes si no son cumplidas. "El papel aguanta todo" reza el refrán popular y así como los mandamientos cristianos de amor fraterno al prójimo (a los necesitados, a los enemigos, etc.) y el amor a Dios (y no a los bienes materiales) no sirven de nada si los cristianos no los ponen en práctica, así también la Constitución -elaborada por la mayoría gubernamental- sólo servirá para legitimizar, sobre todo, las acciones actuales y futuras del presente régimen simplemente. De todas formas se supone que vamos hacia adelante, hacia el progreso y que por ello debemos participar -al menos en esta forma escrita- dando nuestra opinión y comentarios (que probable-mente no seran siquiera leídos por los asambleístas consti-tuyentes). En lo que respecta a las penas severas -como la pena de muerte o la perpetua- hubiera sido interesante el plantear condenas de ese tipo a los altos funcionarios que hayan utilizado sus cargos para su propio beneficio y lucro (léase robado) durante el ejercicio de sus funciones. Pero mejor aún deberían crearse mejores y más eficaces mecanismos de control (claro está que los organismos del Estado tienen su propios sistemas de auditoría y existe también una Contraloría General de la República que debería ser entes en verdad autónomos Es verdaderamente lamentable que se plantee una falta de respon-sabilidad por parte del Estado en cuanto a los servicios de educación y de salud. Donde funcione una democracia activa y de participación ciudadana cualquier violación a los derechos humanos será sancionada y eliminada. Para eso la administración de justicia deberá ser puesta en marcha por un poder judicial verdaderamente independiente con autoridades elegidas directamente por el pueblo y no por sus representantes y, en el peor de los casos, por otros magistrados. De esa manera se evitará que los tan importantes puestos o cargos jurisprudenciales sean otorgados por favor amical, político o económico. Una verdadera democracia, entonces, permitirá que sea el pueblo quien elija directamente a los jueces, defensores y fiscales que lo represente en la administración de la justicia, taan indispensable para que una sociedad civilizada subsista y perviva. Y por supuesto toda autoridad judicial o fiscal que yerre deberá de ser cambiada. El poder en una democracia debe ser participatorio y rotativo, así se evitarán que las cúpulas de poder se mantengan evitan así que otros ciudadanos hagan uso de su deber y derecho de participar del poder no sólo a nivel judicial sino legislativo. Mediante el poder legislativo, el Parlamento a través de sus miembros propone, discute y promulga leyes que deben beneficiar a las mayorías de una sociedad. Estos miembros han sido elegidos como representantes del pueblo a través de elecciones democráticas formales. Pero si no cumplen su función, si dictan leyes que no benefician al pueblo y si a ciertos grupos minoritarios entonces están traicionándolo y deberán ser destituídos (lo ideal sería automáticamente por medio de dispositivos adecuados dentro de la Constitución).

Institucionalidad democrática

En la tradición peruana, iberoamericana y latina lo que funciona finalmente a nivel burocrático y estatal son las acostumbradas "coimas" o pagos para tal o cual "favor". Sea un juez, un parlamentario o el mismo Presidente de la República todos deberán ser revocados de su cargo, poder y responsabilidades inmediatamente al dejar de cumplir –o cumplirlos mal- los deberes encomendados por mandato popular. Pero claro, cuando tienen el poder del dinero o de las armas eso resulta casi imposible. En las pseudodemocracias más bien los derechos de los ciudadanos son pisoteados cuando se contraponen a los intereses de los grupos de poder. De esa forma los sistemas, ‘organos y mecanismos oficiales legales, policiacos y militares de represión son utilizados para perseguir y reprimir a los críticos y enemigos del régimen, se hace uso incluso de grupos subrepticios o paramilitares para eliminarlas. Si no hay participación ciudadana lo único que hay es una caricatura de democracia, una mera hipocresía y falsedad para encubrir a una oligarquía –económica o militar- que prepotente y ocultamente se arroga el poder, supuestamente por mandato popular, que tiene sus tentáculos en las instancias formales del poder –ejecutivo, legislativo, judicial- No podemos hablar que sea una verdadera democracia la que funciona solamente a base del sufragio, donde los malos gobernantes sean cambiados o revocados ‘unicamente al cabo de su mandato, donde la opinión y protesta del pueblo no sea oída. Una verdadera democracia debe servir y sustentarse en el pueblo. Partiendo de su definición y carácterísticas podemos hablar de lo que es ella y lo que no es. La institucionalidad democrática deberá cimentarse en primer lugar, a nivel ideológico-educativo. Deberá a enseñarse a las niños y jóvenes, a los futuros hombres y mujeres del mañana. La gente de ahora, ya estamos demasiado corrompidos, frustrados y desengañados por las falsas promesas y abusos cometidos contra una democracia interesada en bajos intereses que en el bienestar del pueblo. Las instituciones democráticas no deben serlo solamente de nombre, es necesario e indispensable que funcionen efectivamente y que no sean simplemente entes ideales. Para que las instituciones funcionen democráticamente deben ser dirigidas por hombres democráticos, esto es, por gente con una mentalidad de valores y respeto hacia el pueblo, hacia sus congéneres. Si las personas que dirigen tales instituciones piensan y actúan de una manera anti-democrática –es decir, de forma autoritaria o peor aun totalitaria-, difícilmente podremos hablar de una institucionalidad democrática en nuestro país. Si hay temor de expresar opiniones contrarias al régimen, si se producen asesinatos y persecuciones ideadas desde las oficinas estatales (pagadas con los impuestos de los contribuyentes, es decir, por el pueblo) no podemos seguir hablando de una verdadera democracia.

Hacia una verdadera democracia

Entonces, ¿cómo lograr una verdadera democracia? ¿Es un regalo de los dioses o es un proceso producto de la participación popular, de sus reclamos y luchas? ¿Podemos esperar justicia y solidadridad de aquellos que se benefician con el engaño, la injusticia, la explotación y la opresión? La respuesta no es un misterio. Luego, para lograr una verdadera democracia tenemos empezar por los individuos mismos, educarlos desde su más tierna infancia en estos valores, además, por supuesto, garantizarles lo mínimo vital y cierto disfrute material y espiritual en sus vidas. Pero todo esto serán simplemente palabras y buenos deseos si no tenemos la capacidad real de lograrlo, si no tenemos el poder de concretar en la realidad nuestros ideales de justicia social, paz, igualdad, solidaridad y democracia participativa. Sin el poder efectivo de parte de los que creen en la democracia ‘esta permanecerá como un sueño, una ilusión, una quimera. Y si el poder real está en manos de los que no creen en verdad en la democracia, en sus enemigos, en los que creen en y se sirven del totalitarismo, en los que usufructúan y abusan del poder más allá del mandato popular, en los que hablan y hablan de democracia cuando sus acciones los contradicen, es hora, entonces, de luchar por su destitución sea por las ‘anforas o por la protesta popular directa (manifestaciones, marchas, huelgas, etc.) Cuando los que ostenten el poder respeten realmente al pueblo recién podremos hablar de una verdadera democracia. Pero esto sólo sucederá si el pueblo se hace respetar. Si el pueblo levanta su voz y brazos en protesta los malos gobernantes no tendrán más remedio que irse o huir. Así como el pueblo los eligió por medio de los votos en las urnas, así también el pueblo puede retirarlos de su posición. Si el pueblo no lo hace, si no es capaz de hacer esto, entonces se merece aquellos que le gobiernan.

Una neodemocracia posible (¿un sistema sociopolítico utópico más?)

Neodemocracia etimológicamente significa nuevo gobierno popular (neo = nuevo; demos = pueblo; cratos = gobierno). La democracia es un sistema político que pretende, como muchos otros en el pasado, dar una mayor, real y más eficaz participación a los ciudadanos de un país para así de esa manera lograr disminuir la injusticia so-cial, la explotación del hombre por el hombre, una mejor distribución de la riqueza, etc., etc. Es decir, la democracia busca mejores niveles y desarrollo de vida para las personas. ¿Es posible alcanzar tales metas? ¿cómo lograr todo ello?

Fundamentos de la factibilidad de la neodemocracia -conocimiento científico y técnológico de la realidad social y de su manipulación, cambio y mejora. -fracaso de los sistemas socioeconómicos tradicionales lo cual permitiría la necesidad de un nuevo sistema diferente y esperanzador.

Algunas características del Estado Neodemocrático

La neodemocracia es un sistema político y por lo tanto necesita del poder real en primer lugar, para lograr, o por lo menos intentar, sus grandes metas. El cómo lograr que sea el sistema imperante es el problema más difícil que tendrá que afrontar (se podría especular que tendría que darse primero en las países desarrollados para así por un proceso influenciador o de imitación pueda ser seguido en los llamados países del He-misferio Sur). Una vez articulado en el aparato estatal la neodemocracia tendría los siguientes objetivos:

-una máxima participación plena posible por parte de la población en: o la toma de decisiones políticas locales y nacionales o la asunción de cargos y responsabilidades a todo nivel e instancias o la información libre y fácil de las actividades gubernamentales (menos de las de defensa nacional) -una máxima utilización de los recursos naturales y de la mano de obra y técnicas nacionales. Ello implica: o estimulación y capacitación de la creatividad o retroalimentación de la flora y fauna utilizadas

El Estado neodemocrático se preocupará del entrenamiento de su propia gente en lo que se refiere a todos las actividades y administraciones de importancia primordial y media. Para ello los burócratas deben estar en contínua preparación ya que eso les permitirá cuadros idóneos mejor capacitados. Además todas las instituciones tanto privadas como estatales (sean clubes, asociaciones, etc.) -exceptuando las que tienen que ver con la seguridad nacional- deben informar visible y públicamente sobre el uso y manejo de los fondos económicos que les otorgan sus miembros u otros organismos. Se podrán utilizar para este fin paneles, periódicos murales, letreros e/o impresos que contengan los datos de dónde procede tal dinero, a dónde va a parar, cuánto se gasta, cuánto se necesita, cuánto gana su personal, desde el funcionario mayor al menor. No será indispensable dar el nombre de individuos particulares, bastará con dar el cargo. Será menester saber exactamente cómo es o será utilizado el dinero de la institución. Se sabe por experiencia que "el poder corrompe, y que el absoluto poder corrompe absolutamente": dirigentes o burócratas sin control y poder pueden volverse pasivamente ineficaces o activamente abusivos. Por ello es indispensable informar y educar lo mejor posible a la ciudadanía en general para que tenga la capacidad de criterio propio, personal y de acción para que no sólo se limite a ser observador de los acontecimientos si no también participante dinámico de ellos. Si ellos no intervienen en tales acontecimientos -que deben ser para su beneficio y desarrollo- ¿quién lo hará? ¿una gigantesca burocracia que se nutre en demasía del erario público y que a la vez es inepta e inefectiva? ¿unos cuantos que circunstancialmente han llegado al poder para usufructuarlo para su propia conveniencia en desmedro del popular? ¿una administración improvisada, no idónea, abusiva, malcriada, producto de la recomendación o el nepotismo, irrespe-tuosa, o peor aún, indiferente a los problemas del ciudadano? En cuanto a la libertad y al fomento de la información, esto es, al derecho de informar y de ser informado, la libertad de prensa es uno de sus pilares fundamentales. Esta debe tener sus límites y no debe excederse ofendiendo o dañando gratuitamente la reputación de cualesquier ciudadano.